Edgard Romero
Nava *
Desde el comienzo del gobierno, de la auto denominada Quinta República, su permanente política, ha sido realizar acciones paralelas a las de la oposición. En principio comenzó, con las marchas paralelas, a las convocadas por los otros partidos. Eso sí, en diferentes rutas, pero los mismos días y horas a las previamente anunciadas. En todas las marchas gubernamentales, haciendo demostración de su capacidad de movilizar adeptos, y con la ventaja del apoyo logístico y económico de fondos del Estado. Esta política, de paralelas contramarchas, en el tiempo, se ha mantenido invariable. Hasta aquí, una entendible estrategia política. Pero, Igual paralelismo, ha ocurrido, ante la perdida, por parte del Gobierno de elecciones. Comenzando con la pérdida de Gobernaciones. De inmediato, En corto plazo, el gobierno designa a un funcionario paralelo, que en vez de Gobernador, denomina, protector del correspondiente Estado, asignándole recursos y dándole todo el apoyo ministerial y gubernamental. Esta particular política, de designación directa, también fue utilizada, al producirse renuncia, ausencia o vacantes de cargos de elección. Ante la pérdida de las elecciones de Asamblea Nacional, se decreta una Asamblea paralela.
La Asamblea constituyente. Hay que resaltar,
que a Venezuela, le ha correspondido vivir esta realidad, del paralelismo de
autoridades, independientemente, de su Constitucionalidad o legalidad, de crear
organismos de gobierno paralelo. Con motivo de las últimas elecciones
presidenciales, donde se adelantó la fecha y se inhabilitaron partidos, algunos
Países, anunciaron que desconocían los resultados y que solo aceptarían
la legalidad del Gobierno, hasta terminar el periodo presidencial en Enero
2019. Hoy nos encontramos que más de 50 Países, no reconocen al Gobierno en
ejercicio y en la práctica, tenemos Gobiernos paralelos.