miércoles, 28 de mayo de 2025

Efecto Chevron

 En el contexto venezolano, el nombre de Chevron se ha convertido en un símbolo más allá de su actividad económica. Lamentablemente, la empresa ha sido arrastrada al debate político como si su permanencia o salida del país fuera la clave para determinar la continuidad o caída del actual gobierno. Esta narrativa ha eclipsado la discusión técnica, económica y social que realmente debería darse.

Sobre la mesa pesa una sanción que afecta directamente a la actividad petrolera en Venezuela. Que se extiende a todas las operadoras petroleras, instaladas en el país.
Se pretende hacer ver que, restringir o permitir las operaciones de Chevron y otras con menor producción, tiene un impacto directo y determinante en el destino político del país.

Este enfoque, ignora realidades fundamentales: las sanciones, en la práctica, han tenido efectos más dañinos sobre la población y la economía que sobre la estructura de poder político.

Desde un punto de vista jurídico, el escenario es tan absurdo como sancionar a un ciudadano por un delito que no ha cometido. En este caso, la industria petrolera venezolana —y Chevron como uno de sus actores— es penalizada por razones políticas, aunque no sea la causante ni tenga el poder para revertir el problema de fondo. Resulta irónico que quienes desean invertir, operar legalmente y recuperar activos, sean quienes terminan sancionados.


Lo más grave es que se desconoce, o se ignora deliberadamente, que esta vía de presión económica ya ha fracasado en otras ocasiones y también en otros países. Ejemplos sobran: Cuba, Irán, Rusia. Ninguno de estos casos ha mostrado que las sanciones económicas logren cambios de régimen político, pero sí han demostrado una constante: el empobrecimiento de las poblaciones.

El debate en torno a la presencia de Chevron en Venezuela, por ser la única de bandera norteamericana, se ha convertido en un péndulo ideológico. De un lado, quienes califican su producción como “barriles de sangre”, acusando a la empresa de sostener un régimen. Del otro, quienes los llaman “barriles de salvación”, al ver en su actividad una oportunidad de recuperación económica. Entre estos dos extremos, cualquier opinión se vuelve un acto político más que una reflexión técnica.

La verdad es que Venezuela sigue siendo una economía dependiente del petróleo. Pretender que sancionar a una empresa o restringir su actividad será el factor decisivo para lograr un cambio político es, cuanto menos, ingenuo. Peor aún, es insensible ante el sufrimiento social que estas medidas generan.

Si realmente se busca un cambio sostenible, debe replantearse la estrategia. Las sanciones petroleras, lejos de debilitar gobiernos, debilitan países.

Ex pdte Cámara Petrolera, Consecomercio, Fedecamaras y Consejo Empresarial Andino.
@eromeronava

miércoles, 14 de mayo de 2025

Se duplica el precio del oro

 En Venezuela, todos los yacimientos de minerales —como el oro, el hierro o los diamantes— son propiedad del Estado, según la Constitución.

Es decir, pertenecen a todos los venezolanos. El gobierno puede explotarlos directamente o entregarlos en concesión a empresas privadas, cobrando por ello una regalía.

Durante muchos años, el país ha vivido principalmente del petróleo. El llamado “oro negro” ha sido la fuente principal de ingresos para el Estado, gracias a la enorme cantidad que se extrae cada día.

Esta dependencia del petróleo hizo que se prestara poca atención a otros recursos minerales. El petróleo era tan rentable que no parecía necesario mirar más allá.

En la década de 1960, el barril de petróleo costaba apenas entre 2,91 y 3,32 dólares. Pero todo cambió en 1973, cuando una crisis mundial hizo que los países de la OPEP —incluyendo Venezuela— decidieran aumentar el precio. El barril se cuadruplicó, llegando a costar 12 dólares. Este aumento fortaleció aún más la economía petrolera, y los demás minerales quedaron en segundo plano, algunos en manos de concesiones privadas.

Sin embargo, hoy la historia está cambiando. En los últimos cuatro años, el precio del oro se ha duplicado. ¿Qué significa esto? Que el valor de las reservas de oro en el mundo —y también en Venezuela— ha aumentado significativamente.

En tiempos de incertidumbre económica, el oro se convierte en un refugio seguro para los países, porque no depende de la confianza en monedas como el dólar.

Este crecimiento en el valor del oro representa una gran oportunidad para Venezuela. Contamos con importantes reservas auríferas, especialmente en la región del Arco Minero del Orinoco. Si se manejan de forma responsable y transparente, estos recursos pueden contribuir a diversificar nuestra economía y reducir la histórica dependencia del petróleo.

El reto está en hacerlo bien: que el oro no solo beneficie a unos pocos, sino que se traduzca en bienestar para todos.

Aprovechar este momento requiere una visión de país, pensando en el futuro, en el medio ambiente y en las próximas generaciones.

@eromeronava

Dinero metálico: la historia de un país sin monedas

  Encontré, casi por azar, un billete de un bolívar emitido en 1989. En aquella época lo llamaban “el Tinoquito”. A simple vista luce como u...