miércoles, 19 de noviembre de 2025

Dinero metálico: la historia de un país sin monedas

 Encontré, casi por azar, un billete de un bolívar emitido en 1989. En aquella época lo llamaban “el Tinoquito”. A simple vista luce como un billete menor, casi intrascendente; sin embargo, detrás de él se esconde una historia de economía, escasez y decisiones políticas que marcaron a generaciones.


Este billete fue creado como una solución temporal ante un problema insólito para un país petrolero: la desaparición de las monedas metálicas.


La causa era simple, pero poderosa: el valor del metal superó el valor nominal de la moneda. Así, las monedas de oro, luego las de plata y más tarde las de níquel, tenían más valor fundidas que en el bolsillo de los venezolanos. Era inevitable que desaparecieran.

El fenómeno dejó ejemplos elocuentes.

Un “Fuerte” de 5 bolívares —que en 1983 equivalía a 1,16 dólares— hoy puede valer alrededor de 50 dólares por su peso y su importancia numismática.
En contraste, un billete de 500 bolívares de la misma época, que representaba unos 116 dólares, apenas se cotiza en 10 dólares entre coleccionistas.

La escasez de monedas se agravó con un factor decisivo: el anclaje del tipo de cambio. Durante casi dos décadas, el dólar se mantuvo artificialmente en 4,30 bolívares.

Este control cambiario convivió con un aumento desmedido del gasto público, subsidios gigantescos —gasolina, diésel, gas, electricidad— y la caída de los ingresos petroleros.

Para finales de los años 70 y comienzos de los 80, el dólar era, paradójicamente, el producto más barato del mercado venezolano. De allí nació el famoso “¡Ta’ barato, dame dos!”, que se convirtió en sello de identidad del viajero venezolano.

El desajuste estalló el 18 de febrero de 1983, el recordado Viernes Negro.

El país amaneció con tipos de cambio preferenciales, nuevas oficinas burocráticas y sin un programa macroeconómico robusto. No se aplicaron las lecciones del ajuste de los años 60, cuando el dólar pasó de 3,30 a 4,30 bolívares.

Las consecuencias se agudizaron con el aumento de la gasolina en 1989 —apenas 25 céntimos— que impactó las tarifas de transporte y desembocó en el Caracazo del 27 de febrero.

Mientras tanto, las monedas de plata y níquel desaparecían de la calle. Comerciantes y usuarios comenzaron a sustituir el vuelto con caramelos, fósforos u otros objetos de bajo costo.

Fue entonces cuando, en octubre de 1989, el Banco Central de Venezuela, bajo la presidencia del Dr. Pedro Tinoco hijo, puso en circulación los billetes de 1 y 2 bolívares.

Pequeños, prácticos, y muy distintos en tamaño a los billetes tradicionales, los “tinoquitos” llegaron para cubrir una necesidad urgente: el cambio menudo.

Curiosamente, países dolarizados como Panamá o Ecuador mantienen en circulación las monedas norteamericanas junto con las del Balboa y el Sucre.

Venezuela, en cambio, nunca incorporó las monedas estadounidenses de 1, 5, 10, 25 o 50 centavos, ni las de un dólar.

La solución del Dr. Tinoco fue temporal, pero ingeniosa.

Hoy, décadas después, seguimos resolviendo el vuelto con billetes de distintas emisiones… y, a veces, todavía con caramelos.

@eromeronava

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Reactivada la Maestría en Economía y Administración de Hidrocarburos de la UCV

 El anuncio del profesor Luis Xavier Grisanti, sobre la reactivación de la Maestría en Economía y Administración de Hidrocarburos de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FACES) de la Universidad Central de Venezuela (UCV), representa una noticia alentadora para el sector petrolero nacional, tanto público como privado.


Esta maestría, que permaneció inactiva durante casi 20 años, vuelve a ofrecerse con un grupo inicial de 19 estudiantes provenientes de ambos sectores, y con un cuerpo docente integrado por profesores acreditados y especialistas en el área energética

El acto de reinauguración contó con la presencia del decano de FACES, Dr. Luis Angarita; la coordinadora de los posgrados de Economía, Dra. Silvana Pezzella; y los profesores Miguel Rivero, Carlos Sánchez, Germán Márquez y Luis Xavier Grisanti.

La ceremonia se llevó a cabo en la sede de la Asociación Venezolana de Hidrocarburos (AVHI), presidida por la Dra. Cristina Tovar Leopardi. Desde su fundación en 2003, la AVHI mantiene un acuerdo de cooperación académica con la UCV, orientado al desarrollo y actualización profesional en materia petrolera.

Cabe destacar que, igualmente, desde su fundación en 1978, la Cámara Petrolera de Venezuela respaldó activamente esta maestría a través de la participación de su entonces director ejecutivo Carlos Alcántara, así como de las contribuciones académicas de sus expresidentes Humberto Peñaloza y Rafael Sandrea.

Lo que demuestra el constante interés y apoyo del sector privado, a la formación intelectual en materia petrolera.

La reactivación de este importante programa académico adquiere especial relevancia en el actual contexto de reducción de matrícula y presupuesto que enfrentan las escuelas de Petróleo de la UCV, la Universidad del Zulia (LUZ) y la Universidad de Oriente (UDO).

La comunidad universitaria y el sector energético celebran este paso que revive un espacio de formación de alto nivel, fundamental para el futuro de la industria petrolera venezolana.

Felicitaciones a todos los involucrados en hacer posible el retorno de esta maestría emblemática.

@eromeronava

Dinero metálico: la historia de un país sin monedas

  Encontré, casi por azar, un billete de un bolívar emitido en 1989. En aquella época lo llamaban “el Tinoquito”. A simple vista luce como u...