Edgard Romero Nava*
Recuperar, estabilizar y aumentar la
producción petrolera, no es una tarea fácil y requiere de múltiples esfuerzos,
e y sobre todo de grandes inversiones. La continua extracción en los
yacimientos, declina su nivel de producción y los acerca a su
agotamiento y cierre. Esta realidad, obliga que la actividad petrolera sea
permanente, ya que para mantenerse en la misma producción, de barriles día,
debe producirse la misma cantidad, de nuevos barriles adicionales, para
igualarla. La producción en los yacimientos, comienza con flujo natural,
como el archiconocido pozo Barroso, en Cabimas. Con los años, declina su
producción y hay que estimularlos, bien por bombeo con balancines o por
inyección de agua, vapor o gas, lo que en cada caso, aplique, con diferentes costos.
Como ejemplo comparativo, sería un avión en picada, primero debe parar la
caída, estabilizarlo y luego buscar altura. En nuestro caso, aún estamos
en picada, y para lograr estabilizar la producción y aumentarla, además de las
complicaciones operativas, requerimos importantísimos, desembolsos financieros.
Se estima que para levantar 100.000 barriles, adicionales de producción, sería
necesario invertir hasta $ 1.500 Millones y para levantar un
millón de barriles, se necesitarían $ 15.000 millones. Ese monto
es 50% más que las actuales reservas del País. Pero, es tan bueno el
negocio, que esta inversión se recuperaría, con valor del barril a 50 $
produciría $ 50 millones al día y la inversión se pagaría, en menos de un
año. Lo que hace evidente que para levantar esa inversión, requerimos de
variadas fórmulas de participación económica, que estimulen, incentiven y
garanticen jurídicamente a los inversionistas, sus capitales, y que el Estado,
siga siendo propietario, no aperador, porque ahora todos entendemos que la
gallina de los huevos de oro, si se enferma y también puede morirse
* ex Pte Camara Petrolera,
Consecomercio y Fedecamaras .

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