En nuestra Venezuela, el Estado ha acostumbrado a la población a recibir los productos energéticos, a precios irracionales, muy por debajo de su costo de producción.
Por supuesto que el más conocido es el del precio de venta de la gasolina, pero más patético y menos conocido por el público, es el precio del GLP, gas en bombonas para uso doméstico del cual Petróleos de Venezuela, Pdvsa, dedica el equivalente a 24.000 barriles diarios, para comercializar 2 millones de metros cúbicos de gas propano, sin que el Estado o Pdvsa, no sólo no reciban ni un sólo bolívar por el costo de producirla y venderla, sino que tienen que pagar para distribuirla.
Tiene que pagar
Créalo o no, Pdvsa, tiene que pagar para que las bombonas lleguen al público, ya que el precio al consumidor final, por la bombona pequeña de 10 kilogramos, es de 4 bolívares, precio que claro está, no cubre ningún costo y por ello se debe pagársele a quienes la distribuyen, sin cobrarles, ni la bombona ni su contenido, sólo permitiéndoles cobrar el irrisorio precio oficial de 4 bolívares por bombona, y complementarles el costo de distribución, pagándoles para ello, estableciendo al igual que para la gasolina un subsidio indirecto, otorgando el beneficio económico a cualquier consumidor, sea uno, quien lo necesite o no.
Aunque al final la bombona llegue a venderse a 1.000 bolívares o más, y se pague todo lo que dejó de cobrar Pdvsa.
Hágase fiesta
Los subsidios indirectos e indiscriminados, seguirán impulsando la inflación y fortaleciendo en la mente del ciudadano que lo que no nos cuesta, hágase fiesta.
Entendemos perfectamente que hay sectores sociales que el Estado debe subsidiar, pero de manera directa y dirigida para que el sacrificio del Estado, que es de todos los venezolanos, vaya a paliar o resolver el problema de los más necesitados.

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